Gualtallary, la región que cambió todo

Se trata de uno de los terruños argentinos más famosos del momento y sus vinos se ubican entre los más sofisticados del país. Un región cautivante que se puede descubrir en la Selección Alta Gama de agosto y aquí te contamos por que te va a fascinar.

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Entre las regiones vitivinícolas argentinas es cada vez más difícil, o imposible, definir cuál es la más importante. Como sabemos cada viñedo cuenta a la hora de hablar de terroir, básicamente por que ninguno es igual al otro, siquiera al del vecino.

Sin embargo, existe nombre de viñedos, parcelas, fincas, departamentos y regiones que ganan peso propio gracias a las características diferenciales que ofrecen que los enólogos luego convierten en vinos inolvidables. Ahí sí, podemos imaginar que algunos viñedos se destacan sobre otros.

En nuestro país, a contar del 2010 comenzó una especie de revolución del terroir donde zonas como el Valle de Uco acaparó la atención de gran parte de los winemakers y agrónomos. Una atención que los llevó a estudiar y explorar cada centímetro cuadrado de viña como nunca se había hecho en el país. Un proceso de investigación que más tarde se trasladó a todas las zonas cultivadas y hoy permite obtener los mejores vinos de la historia.

Entre los rincones del Valle de Uco que dieron el puntapié a esta búsqueda, Gualtallary se ha ganado un lugar especial entre los hacedores y consumidores que ya demandan los vinos de esta zona hasta hace veinte años apenas escuchada.

¿Qué es Gualtallary?

Ubicado en Tupungato, uno de los tres departamento mendocinos que componen el Valle de Uco, Gualtallary es una región vitivinícola emplazada entre los 1000 y 1600 metros de altura. He aquí una de sus características más sobresalientes, sus viñedos se cuentan entre los más altos de Mendoza y esto implica la posibilidad de explorar además algunos de los climas más frescos de la vitivinicultura cuyana.

A diferencia de muchas otras regiones vitivinícolas del país, la historia vitícola de Gualtallary comienza a mediados de la década de 1990 cuando diferentes bodegas comenzaron a desafiar las fronteras vitícolas conocidas. Hasta entonces, todas las zonas por encima de los mil metros suponían un gran riesgos por las heladas que pueden afectar los cultivos además de la limitación del riego ya que la posibilidad de transportar agua a estas tierra se hizo posible a partir de la implementación del riego presurizado, o por goteo. Esta tecnología finalmente posibilitó el cultivo en las zonas de mayor altura y así Gualtallary escribió las primeras líneas de su historia.

Lentamente, toda esta zona pedregosa del pedemonte donde solo se podían arbustos nativos comenzó a cambiar su fisonomía con verdes cultivos de vid impulsados principalmente por Nicolás Catena, quién estaba convencido del potencial de la zona, y Bodega Chandon que exploraba la posibilidad de obtener mejores resultados en sus Chardonnay y Pinot Noir para espumosos en las zonas frías de altura.

Lógicamente, la naturaleza se tomó su tiempo para darle la razón a estos bodegueros a los que más tarde se sumaron decenas de productores que notaban que las uvas aquí obtenidas daban vida a vinos con un perfil vibrante que aseguraba vinos complejos e inéditos para la escena local.

A más de veinte años de aquellos primeros viñedos, Gualtallary hoy ya cuenta con unas 2500 hectáreas que se inscriben entre las más preciadas y costosas del país.

La magia de Gualtallary

Como decíamos, el gran riesgo que suponía esta región estaba en las heladas que podían afectar a los viñedos, un fenómeno climático del que los productores siempre buscaron alejarse. Sin embargo, los años demostraron que si bien la zona es fría en algunos rincones también es soleada y seca, de modo que el peligro no era el que muchos imaginaban.

Ahora bien, hay que destacar que desde la cota de los 1000 metros donde comienza Gualtallary hasta el límite cultivado de los 1600 metros d altura, la temperatura varía en unos 7 grados centígrados en promedio lo que da lugar a una infinidad de posibilidades donde el malbec, cabernet franc, Chardonnay y pinot noir se lucen de manera excepcional. Por otra parte cabe destacar que en menos de 30 kilómetros se puede encontrar situaciones climáticas que en Europa demandarían recorrer unos 1000 kilómetros. Esto es a las claras el efecto de la montaña y el brutal ascenso que supone su geografía.

Pero no solo debemos hablar del frío y la altura de Gualtallary, justamente, los años de estudio permitieron comprobar que el secreto de la región esta es sus suelos heterogéneos que llevaron a los agrónomos a hablar de cinco “diferentes Gualtallary”.

De origen aluvial, pedregosos y con un notable contenido de material calcáreo y arena, es posible encontrar diferencias considerables en muy pocos metros de distancia, incluso en una misma parcela. Esto da lugar a diferentes expresiones para las uvas que maduran de modo distinto a su propio ritmo y así permiten elaborar vinos muy distintivos donde el terroir se impone con frescura gracias a la elevada acidez natural que conservan los frutos.

De este perfil de uvas es que comenzamos a hablar en Argentina de vinos filosos y minerales, dos descriptores – polémicos – que surgían de la sorpresa de los catadores a la hora de beber los resultados de estos viñedos. Una tensión que se combina con un buen cuerpo producto de la insolación característica del oeste mendocino.

De modo que la compleja ecuación de Gualtallary que combina altura, frío, buen sol y suelos únicos, es hoy una de las más estudiadas del mundo vitícola de la mano de vinos que prometen seguís cautivando y sorprendiendo paladares.

Foto: Finca Agua de Jarilla de Zuccardi Valle de Uco