¿Vino frío? Por favor…

En verano es cuando más hay que prestarle atención al termómetro.

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La temperatura del vino es un factor clave para disfrutar de nuestras botellas. Enterate por qué y cómo prepararlas para que no fallen.

La mayoría celebramos que vamos a tomar sol, ir a la playa, a alguna piscina con amigos o al menos disfrutar de las noches templadas. ¡Pero atención! Para los vinos las cosas no son tan geniales cuando la térmica supera los 25 grados así que te pasamos un par de consejos para que tus botellas descansen tranquilas mientras disfrutas del sol.

Siempre insistimos con el control de la temperatura de los vinos y no solo a la hora de servirlos, también cuando los guardamos.

El calor afecta de mucho modos a nuestras botellas y hasta puede hacer que los vinos evoluciones de manera no deseada o acelerada. No prestar atención a esto puede resultar en que los corchos se contraigan o sequen y así ingresar oxigeno a los envases. El peor de los escenarios.

Pero hay otro problema. A veces los picos de calor hacen que el corcho se mueva y el vino se derrame. Así se trate de un gota, el problema merece que prestemos atención al termómetro de la cava o del espacio que elegimos para conservar nuestras botellas. 

La cuestión aquí es la siguiente: cada vez que una botella de vino se llena, en las bodegas se aseguran que quede un espacio entre la bebida y el tapón. La explicación de ese espacio esta relacionada con la capacidad que tiene el vino y sus compuestos principales, agua y alcohol, de dilatarse con los cambios de temperatura. 

Así como el agua aumenta su volumen cuando se congela (a quien no se le estalló una botella en freezer) el alcohol se dilata con el calor. La ciencia indica que el alcohol etílico se dilata tres veces y media más que el agua a igual temperatura. Entonces, imaginemos que puede suceder si la botella queda expuesta a 30 grados centígrados o más. Con la expansión del volumen del alcohol de la botella la bebida hará presión sobre el tapón que podrá asomar o directamente salir de la botella. Para la sanidad del vino ambas consecuencias son un riesgo ya que bastará que ingrese un porción de oxígeno para que el vino comience a deteriorarse sin que nos demos cuenta.

Por todo esto insistimos, solo guardemos vinos en aquellos espacios acondicionados o donde tenemos certeza que no habrá cambios bruscos de temperatura y mucho menos picos de calor en verano.