¿Qué bodegas visitar en Salta?

Te contamos cómo armar un recorrido inolvidable en Valles Calchaquíes.

Compartir la nota

La provincia vitivinícola más importante del noroeste argentino atrae cada vez más enoturistas que disfrutan de sus vinos, gastronomía y paisajes.

La provincia de Salta es un caso paradigmático de la vitivinicultura argentina: tan solo cuenta con el 1,7% de la superficie con viñedos del país pero sus rutas del vino están entre las más visitadas.

Esto tiene una clara explicación, el magnetismo que ofrecen los paisajes de los Valles Calchaquíes donde la expresión del terroir se respira en el aire mientras se recorren los viñedos.

Pero, ¿qué conviene hacer a la hora de visitar este destino vitivinícola?

Cafayate, epicentro del vino de altura.

Quienes llegan a Salta, en muchos casos, suelen hacerlo por el aeropuerto de la Capital provincial, una ciudad que encandila con sus atractivos culturales y una gastronomía exquisita. Desde ya que bien vale la pena dedicarle al menos una jornada a esta ciudad para conocer sus calles, museos y peñas folclóricas donde se comienza a respirar la esencia del vino calchaquí.

Sin embargo, la visita obligada para descubrir los secretos de los vinos de altura es el pueblo de Cafayate, enclave vitícola ubicado al sur de la provincia, a 1750 metros de altitud. Aquí es donde se encuentran las 2720 hectáreas de viñedos que representan el 75% del total provincial junto al mayor número de bodegas de los valles.

Al tratarse de un pueblo pequeño – con una importante oferta hotelera y gastronómica – las bodegas se encuentran relativamente cercanas, unas de otras. Incluso, el circuito cercano a la plaza principal se puede conectar a pie o en bicicleta. Aquí se encuentran algunas bodegas centenarias y clásicas pero también otras más modernas. Mientras que los viñedos pueden verse por doquier.

Muchos marcan como punto de partida El Esteco, la bodega más grande de la provincia ubicada en la entrada norte de Cafayate – intersección de la Ruta 40 con la Ruta 68 -, a la que se llega desde Salta Capital luego de cruzar la fascinante quebrada de las conchas con sus hermosas formaciones rocosas. Con el hotel Patios de Cafayate en su interior, El Esteco ofrece recorridos por sus viñedos, sala de barricas y degustación en el área de enoturismo o bien en el restaurante, uno de los más lujosos de Cafayate, al igual que el hotel.

Bodega El Esteco

Desde este punto, el recorrido puede continuar hacía el pueblo o hacia el norte donde a pocos kilómetros se encuentran bodegas como Piatelli, de las más modernas de los valles con restaurante en un mirador que hipnotiza a quien se sienta en sus mesas, la mítica bodega Yacochuya de la familia Etchart y Domingo Molina. Todas estas abiertas al turismo y cada una con un encanto singular además del carácter de sus vinos entre los que siempre se lucen los blancos aromáticos de torrontés que siempre se acompañan de las empanadas típicas del noroeste.

De regreso al pueblo y tomamos la plaza como referencia podemos decir que las bodegas esenciales de Cafayate son Vasija Secreta, Porvenir de Cafayate –actualmente una de las más exclusivas gracias a los vinos que Francisco Puga logra a partir de los viñedos de la familia Romero-, Bodega Nanni con sus vinos orgánicos y bodega El Tránsito.

Hacía el sur, tomando el camino del Divisadero, se llega a Amalaya, bodega que recientemente inauguró un moderno visitor center donde se puede contemplar otra perspectiva de los valles calchaquíes y lógicamente disfrutar de sus vinos. Unos minutos más adelante, Finca Las Nubes es otra de las paradas clásicas que se debe cumplir para apreciar otra de las tantas perspectivas panorámicas de los valles.

Más hacía el sur, ya saliendo del pueblo en sentido a Tolombón está Finca Quara con su icónica casa patronal que actualmente opera como hotel. Bodega Etchart es otra que cruzaremos en este sentido antes de llegar a Estancia Los Cardones donde Alejandro Sejanovich elabora algunos de los vinos más novedosos de la región.

Un dato interesante para agendar, es que este recorrido puede tomar entre tres y cuatro días a un ritmo tranquilo que permita disfrutar de los alrededores con actividades de turismo aventura, caminatas o bien la visita al Museo de la Vid y el Vino.

En cuanto a algunos lugares que es bueno conocer en el pueblo hay que destacar a las peñas, los mercados de artesanos próximos a la plazo y Bad Brothers, el wine bar que dirige el enólogo Agustín Lanús.

Los valles de altura extrema

El concepto de altitud en Salta es omnipresente. Básicamente porque los menos elevados se encuentran a 1700 metros sobre el nivel del mar y los más altos a 3100. Para conocer los más extremos hay que ir hacía el norte y visitar las regiones de Animaná, Angastaco y Payogasta hasta llegar a Molinos, un pueblito detenido en el tiempo con el típico encanto calchaquí.

Desde Molinos se puede continuar hasta la increíble Bodega Colomé que ofrece una de la experiencias más cautivante de la vitivinicultura nacional con su bodega, restaurante, hotel y museo en medio de la montaña.

Bodega Colemé

Si se continúa se llega a Bodega Tacuil, bodega de la familia Dávalos que solo recibe visitar si se reserva con mucha antelación. Quienes hayan llegado hasta aquí, para regresar tienen dos alternativas, regresar a Cafayate o bien continuar hacia el norte camino a Cachi donde no solo los espera un pueblo fascinante sin también un puñado más de pequeñas bodegas como Adentro, Bodega Puna y Miraluna.

Ya desde allí, el broche de oro a este periplo es descender de la montaña por la imponente Cuesta del Obispo previo paso por la Recta de Tintín y el Parque Nacional Los Cardones.

No caben dudas, que todo aquel que recorra estas rutas dejará muchos puntos pendientes que serán la excusa para volver a la ruta del vino calchaquí, considerada por muchos una de las más alucinantes del planeta.