Octubre, el mes del Torrontés

La cepa blanca más famosa de Argentina es celebrada en todo el mundo durante el mes de octubre y te vamos a contar por qué...

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Existen muchos motivos para que el Torrontés tenga una semana propia para celebrarlo, es más, en BONVIVIR creemos que merece un mes entero. Siendo que a principios de octubre se celebra la Semana del Torrontés de Altura decidimos que sea este el mes para hacerlo protagonista.

Podríamos decirte que ser una de las cepas blancas preferidas de los argentinos o bien, el blanco argentino más famoso en el mundo, es una excusa suficiente para celebrarla pero hoy te vamos a compartir algunas razones más.

Identidad local

La historia del Torrontés es indispensable para cualquier amante del vino argentino. Esta cepa, cuyo origen era poco conocido hasta 2003, es, ni más ni menos, que un cruzamiento natural este la cepa Criolla Chica o Listán Prieto y Moscatel de Alejandría, ambas introducidas al continente Americano por los españoles en el siglo XVI. Este cruzamiento, de acuerdo a diferentes estudios y tesis presentadas, se habría dado en Mendoza dónde los Jesuitas cultivaban intensamente el Moscatel de Alejandría y la Criolla Negra. Organolépticamente, por sus aromas florales y de uva fresca, siempre se relacionó al Torrontés con la familia de los Moscateles sin embargo la demostración científica de la intervención de la Criolla Negra fue toda una sorpresa aunque muy lógica de acuerdo a la historia y el registro de los viñedos jesuitas.

Por todo esto, estamos en condiciones de asegurar que el Torrontés es una variedad nativa de Argentina, más precisamente de Mendoza, que luego se cultivo en el noroeste donde logró convertirse en una cepa de reconocimiento internacional.

¿Por qué Torrontés?

Al tratarse de una uva criolla, es decir, nacida en el Nuevo Mundo, durante años se le atribuyeron diferentes nombres hasta que se la puso bajo la lupa de la ampelografía, ciencia que justamente estudia la identidad y comportamiento de los diferentes cepajes. Quienes hicieron estos estudios encontraron un gran parecido con una cepa española de nombre Torrontés y siendo que los estudios se llevaron a cabo en la provincia de La Rioja decidieron identificarla como Torrontés Riojano.

Aquí un dato extra, existen tres tipos de Torrontés, el Riojano – el más cultivado y de mejores aptitudes enológicas -, el Mendocino y el Sanjuanino. De los tres el Riojano es el que se destina a la elaboración de los vinos finos más preciados y como curiosidad podemos destacar que la mayor superficie se encuentra en Mendoza y fue en los Valles Calchaquíes donde más se destaca desde el siglo XIX.

Una cepa mil vinos

Durante décadas, el Torrontés fue conocido como un vino blanco semi seco oriundo del noroeste argentino. Estos vinos ofrecían el carácter de los terruños de altura, soleados y secos, de modo que los vinos eran aromáticos, intensos y con un dejo dulzón que ayudaba a equilibrar un final amargo que podía apreciarse en algunos vinos secos.

Sin embargo, a partir de la década de 1990 el perfeccionamiento en el manejo de esta cepa en viñedo y en bodega dio a luz a decenas de etiquetas de Torrontés seco con un estilo vibrante, floral, frutado y hasta tropical en algunos casos.

Con los años llegaron no solo diferentes propuestas sino también orígenes que cambiaron su expresión, como es el caso del Valle de Uco – Mendoza – que suma vinos muy expresivos, frescos y sabrosos mientras que en el noroeste se exploran terruños cada vez más elevados para dar con un carácter singular.

En paralelo, el Torrontés hoy se utiliza para la elaboración de vinos dulces de cosecha tardía, vinos naranjos, destilados, vinos encabezados y espumosos.

Sin dudas, aún nos queda mucho para aprender de la cepa blanca más argentina que se pueda encontrar.