Día Nacional del Vino

El próximo 24 de noviembre se celebra un nuevo aniversario de la declaración del Vino Argentino Bebida Nacional, entérate por qué lo celebramos.

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Desde 1551, año en que se plantó la primera vid en el territorio que más tarde se convertiría en Argentina, el vino se volvió en mucho más que una bebida para nuestra cultura.

Hoy, a cuatrocientos setenta y un años de aquel comienzo, en Argentina el vino es Bebida Nacional y uno de los íconos más fuertes de nuestra cultura en el mundo. Es más, la palabra malbec es tan buscada en google como Maradona, tango o Messi.

Pero más allá de la pasión que despierta en nosotros el vino, existen muchos aspectos de esta bebida que bien le valieron el reconocimiento de Bebida Nacional, repasemos los más importantes.

Parte de nuestra cultura

Además de tratarse de la bebida que impulsa una industria pujante desde hace ciento cincuenta años, el vino tiene un fuerte arraigo cultural para los argentinos. El hábito de consumirlo a diario, disfrutarlo y compartirlo tiene su origen a fines del siglo XIX con el inicio de la oleadas migratorias de europeos que definieron la identidad de nuestra población. Hablamos de los años en que españoles, italianos, portugueses y franceses llegaban al puerto de Buenos Aires en busca de oportunidades y con ellos traían sus costumbres que se unirían para definir la idiosincrasia argentina definitiva. Así, el vino, bebida adorada por todos los europeos, se hizo un lugar entre los hábitos porteños y luego en el resto del país y así elaborar vino se convirtió en una necesidad para esta nación en expansión. Este fuerte arraigo moldeó nuestros gustos y por esto hace más de una década comenzó a gestarse la idea de premiar al vino y convertirlo en nuestra Bebida Nacional. 

Presente glorioso

Actualmente, el vino argentino atraviesa su mejor momento en calidad y prestigio en medio de una revolución que tiene como objetivo descubrir el verdadero potencial de cada región vitícola. Mientras tanto, la vitivinicultura argentina ofrece algunos aspectos diferenciales que nos enorgullecen y convierten al vino en una merecidísima Bebida Nacional.

  • Con casi unas 800 bodegas distribuidas en 18 de las 23 provincias argentinas, hoy la vitivinicultura emplea a más de 400 mil personas de manera directa e indirecta. Con un fuerte compromiso social y sustentable, es una de las industrias regionales más fructíferas y exportadora de un importante valor agregado además de un fuerte nexo cultural hacia el mundo.
  • El turismo vitivinícola se ha convertido en una de las actividades que más turismo atrae en el país y a viajeros del mundo. Es más, Mendoza ya se convirtió en el segundo destino turístico más elegido y esto se debe a su ruta del vino, considerada entre las más importantes del mundo. 
  • Aproximadamente el 25% de la producción local es exportada a 134 países por 500 bodegas y esto da cuenta de una industria atomizada que le da posibilidades de participación internacional a establecimientos de todas las escalas. El total de las exportaciones representan para Argentina el 2% del share del mercado mundial, cifra que da cuenta del potencial de crecimiento que aún tienen nuestros vinos hacía el mundo.
  • La producción total ubica a Argentina como el quinto mayor productor de vinos del mundo detrás de España, Francia, Italia y Estados Unidos. De modo que hablamos del principal productor de vinos del hemisferio sur. Mientras que, con 204 mil hectáreas totales de viñedos, Argentina ocupa el séptimo puesto en cuanto a superficie total de viñedos en el mundo. 
  • En cuanto al consumo, lejos de los 100 litros per cápita de mediados del siglo XX, actualmente en Argentina consumimos unos 23 litros al año por persona lo que nos ubica en el puesto nueve del ranking mundial y como segundo país productor del nuevo mundo con mayor nivel de consumo. Una diferencia de Argentina con el resto de los países de Sudamérica a la hora del consumo es que el grueso de las botellas descorchadas son locales.